La casa número 2

Alberto Juárez Vivas /
León, Nicaragua, 1964

La casa número 2 de Villa La Voz era famosa por sus excesos y escándalos nocturnos hasta la madrugada. Quienes acudían deseaban el escape con alcohol y drogas.

Música estridente. Soplaba un viento helado llevándose los murmullos a varias direcciones. Jodarria en plenitud.

En la última medianoche sucedió algo inusual: apareció un celular sobre la mesa de la sala. Nadie supo quién lo puso ahí. Parpadeaba; emitía un halo de luz. Los presentes se acercaron intrigados. Nadie lo reclamó como suyo.

Al tocarlo sonaba una melodía tétrica, ¿tenía vida propia?

La madrugada llegó cuando la tensión ya iba menguando en la casa número 2. Las personas tenían sus ojos vidriosos y actuaban erráticas. Elevación. Precipitación. Giros de poseídos alrededor del dispositivo.

Las sombras bailaban la melodía. Aturdimiento. En la escena agónica se agolparon mentiras, estafas y traiciones en proyección que a todos involucró.

La noche se disipó. Un hombre en sus cabales se hizo paso entre siluetas estancadas en la casa número 2. Tomó el dispositivo aún activo y lo estrelló contra la pared. Las sombras callaron y las que pudieron sostenerse y andar, huyeron. El techo giraba insistente como para no detenerse, hasta que finalmente todos se derrumbaron. «Déjenlos reposar, después procedemos».

El día ya estaba adentro. El vecindario estaba molesto por el desvelo. Y fueron despertando con una fuerte resaca colectiva. Las miradas preguntaban: ¿Qué sucedió? La melodía. El parpadeo del halo de luz. El desconocido que entró a la casa número 2 y que apagó todo, ordenó la detención de todos los aturdidos, incluida la propietaria, para la tranquilidad de la villa.