Amar volando

Franklin Brooks Vargas /
Bluefields, RACCS, Nicaragua, 1960


¿Qué soy?

De pronto
Uno se pone fructífero y canta…
(Gustavo Adolfo Páez)
No solo de pan vive el poeta
Sino de sueños
Placeres y nostalgias…
(Gustavo Adolfo Páez)

Polvo eres –dice Dios–.
Barro y maíz, señala el Popol Vuh.
Aura, espíritu y pensamientos
–dicen las viejas filosofías orientales–.
Imagen –dicen los camarógrafos–.
Ondas electromagnéticas
–afirman los operadores de radio e internet–.
¿Qué soy?
Soy tu amor.
Nada más que tu amor.

Amantes

Cuánto deseo que vos y yo
fuésemos libélulas
para irnos amando en el aire,
volando amándonos
amándonos volando en el viento tierno
de la madrugada.

Meciéndonos en la misma onda
de la brisa cómplice,
volando sobre el espejo del río,
entre las plantas que nacen de las rocas
entre los bejucos perezosos que abrevan
en el espíritu líquido de la vida.

Libélulas vos y yo
navegando al mismo ritmo,
descubriendo con nuestros inmensos ojos múltiples
la complejidad de la vida en la sencillez
de las cosas:

Las ramas, las hojas, los colores,
los perfumes, las flores,
los latidos del corazón de la tierra, la arena y el agua,
los sentimientos de las mariposas,
las garzas y los colibríes.

Amándonos volando.
Eso sería explosión de savia, de neuronas, de oxígeno.
Sería como una fiesta del Palo de Mayo
celebrada en la copa de los árboles,
en el corazón de las orquídeas
o en la burbuja salida de la boca
de un pez sorprendido por el éxtasis.

Volando amándonos
para que después
vos y yo,
cada quien se vaya a reposar a su colgante nido de oropéndola,
para que después del descanso nos hagamos un guiño de ojos,
como señal del amor, del placer, del todo.

Para que después del reposo
nos volvamos a amar volando.