Antes del sorbo

Mario Filadelfo Lanzas Benavente /
Matagalpa, Nicaragua.

¿Cómo le explico a ese vaso de vidrio, minifalda, sudoroso, manoseable, callado, que en este momento toda su parafernalia de guaro barato, agua entristecida, hielo roto, limonado, sed de venganza y estoicismo, son inútiles antes del sorbo inquerido, aunque, con la multiplicación de los tragos, toda lucha quede en un intento de escape?

Me pregunto: ¿qué dirá de mí cuando se queda absorto dejando que una luz cualquiera evapore su vitalidad, creyendo que engaña al viejo zorro, el añejante reloj de arena?

Me asomo a su garganta esperando que comprenda lo que busco… Lo sé: es un hipócrita milenario, acostumbrado a desenjaular espíritus, disfrutar la broma y, embelesado, oye gratificaciones lacrimosas de segundos y terceros embobados hasta el asco o hasta la emancipación efímera, pero ¿qué hacemos, si así de atroz es esta región de la existencia? ¿Dígame usted si no, colega?