Una bruma de humo

Mario Cajina-Vega
Masaya, Nicaragua, 1929-1995.

Reloj de sol cara de agua

Ese huso, los usos estos sin costura ni cadencias, la musaraña, lo aguacate, María Inés. El tiempo trompo de colores, eltiempo pieza de tela, el jodido tiempo silla de ruedas dándole cuerda al ayer, ¿el tiempo qué? ¿cómo? ¿me hablaron? ¿decías? ¿llamaban? El tiempo nada, viene, va, vuelve, anda, se cansa, nunca cuenta, solo, el tiempocuál, cuánto el tiempo dónde, el tiempo siete el tiempo, aquí los péndulos, allá las trancas, para qué otro como él si nadie sé, si la nada sos. Mentiras tuyas. ¿Vos, vos a mí? ¿quién, yo, yo a vos? Tú, sí. No, él ¿el aquel? El tiempo melocotón, ollejo de naranjas peladas. Niña: el tiempo almíbar de toronja, cajeta de manjar, hora de cocos dándose en la cabeza con su propio cero, cónsul del pulso de las venas. ¿Libres? ¿Ves? El tiempo Alberto, hijó, el Pupiro tiempo bus de ochenta pasajeros, los minutos consultorios, de cuero, los segundos nietos como pulseras, el venado del oído, los días maicena, la piscina de leguas, el tiempo esto, el tiempo lo otro, la deuda todos. No, sí, ya, vení, corré, sentáte, oí, saludá. Saludemos, laúd, cantando juntos todos el alabado. Chavalos tan desaforados, desamarados éstos, bausanos, zánganos, únicos. Chavala vos, Julia Hammurabi. Vea madrina lo que aquí me dice, óigalo que me quiso pegar, pedestre. El tiempo a bocaseca parado ahí en la puerta ¿no lo sentiste al entrar? Reloj de sol, cara de agua. Y, arribita del mediodía, la playa de lama verde con cielo de plumas y tejas. Una bruma de humo, una calle lodogris, flotando desde antier, empieza a lavarse, amarilla y neutra.

Borroso, mudo, lloro.

 

Memoria del amor

La prima buena, la prima de los cuentos. Alta, rubia, blanda, mecida por la lánguida miel de la pereza.

La pequeña finca alrededor de Managua. El lento camino rural. La prima color de cosechas en su ingenua infancia campesina. Amanecer de la hacienda: confusión en el gallinero, balar lejano, balar de baladas, cabras lecheras y lúbricas y un cornupatético chivo empujándolas contra el cerco. El pozo pegado al fondo berenjena de la tierra: morado, azul. Y los corredores, los viejos corredores, los cuatro corredores viejos de todo caserón nicaragüense, Melba, hamaca y siesta.

Años, canciones.

La muchacha urbana, seria, quieta, sentada en una mecedora meciéndose sobre las aceras con gajos de piel rubia y solemne dulzura.

La década de la guerra. Submarinos, aeroplanos, USAF Caribe. El Canal de Panamá. El piloto americano. El vuelo 701 Managua-Miami.

Y se fue la prima buena, la prima de los cuentos…

(De El hijo [1973] / Poe‒Mario Cajina‒Vega. BCN y Fundación Vega Bolaños. Managua, 2004. / Tomado de Persiguiendo una forma (Prosemas nicaragüenses). Antología. 2024. 1ra edición. Selección y prólogo: Efraín Osejo Morales, Henry A. Petrie y Mauricio Rayo A. Ediciones Pensar. Managua, Nicaragua).