Ramac y Nacarí

Edgard Rivas Choza /
Matagalpa, Nicaragua, 1945

¡He regresado! Al pie del Chilamate está mi ombligo. Todo ha cambiado. El tiempo es implacable, pero la esperanza se mantiene. Sigo por el sendero que llega a la hondonada por donde corre la quebrada. ¿Vivirá aun la que abrazó mi cuerpo desnudo? Siento el perfume de flores blancas que gustaban a mamá. Oigo la música de la correntada llegando a su reposo y salto obstáculos de árboles caídos; por fin la encuentro. Ahí está ella, rodeada de heliotropos, mi «Laguna encantada».

En la Semana Mayor, a las doce de la noche, allí se escuchan los tonos de un dulce canto a Ramac y Nacarí, una pareja de enamorados, hijos de dos Caciques, jefes de dos tribus enemigas, que no aceptaban el noviazgo de sus hijos.

Una noche escaparon de sus casas. Los cuerpos desvestidos se juraron amor de por vida. Se abrazaron y se adentraron en las aguas de aquel estanque natural. La noche del miércoles de ceniza, los enamorados se encuentran en el mismo lugar.